El "yeso" de Van der Kerkhof, eje de una polémica antes de la final del mundo

El vendaje que el talentoso 10 de Holanda, René Van der Kerkhof, tenía en su mano derecha y con el que había jugado a lo largo de todo el Mundial 78, fue el eje de una fuerte polémica antes del inicio de la final por las protestas de los jugadores argentinos, a tal punto que el equipo visitante amenazó, inclusive, con retirarse.

"¡No! -gritaba Daniel Passarella en español, y también decía no con la cabeza-. ¡Con ese yeso no puede jugar!". "Si alguno de mis jugadores recibe un golpe lo responsabilizo a usted", le advertía Menotti al árbitro Sergio Gonella. "Si no puede jugar así, nos vamos", amenazaba en inglés Ruud Krol, el capitán naranja. "¡No final! ¡No final!", se enojaba en holandés Johan Neeskens y le apuntaba con el índice al juez.

Sergio Gonella, que solo hablaba italiano, miraba y escuchaba junto a sus jueces de línea: un uruguayo (Ramón Barreto) y un austríaco (Erich Linemayr). Una Torre de Babel en el mediocampo del estadio Monumental, a minutos de decidirse el campeón del Mundial 78 en la final entre Argentina y Holanda, por la venda de Van Der Kerkhof.

Para los holandeses, el del "yeso" fue el último de una serie de episodios con los que los locales intentaron condicionar el desarrollo del partido. "Los argentinos hicieron todo lo que pudieron para ganar, no necesariamente de manera deportiva", dijo Krol.

El primer eslabón de esta saga de polémicas fue el cambio de árbitro para la final. Originalmente, la FIFA había designado al israelí Abraham Klein, pero la AFA reclamó por lo que había sido su actuación en la derrota de Argentina ante Italia (1 a 0 por la fase inicial) y accedió a su reemplazo. El elegido fue el italiano Sergio Gonella.

Al nombramiento de Gonella se opusieron los holandeses, que días atrás habían eliminado del torneo justamente a Italia, pero no tuvieron éxito.

El segundo paso fue el traslado del plantel de Holanda desde su lugar de alojamiento hasta el Monumental. El propio Krol lo contó para el libro "Brilliant Orange: the neurotic genius of Dutch Football", de David Winner.

"Estábamos en un hotel en las afueras de Buenos Aires y el ómnibus hizo un camino muy largo para llegar al estadio. En un momento paró en un lugar y allí nos rodeó una multitud. La gente nos golpeaba las ventanilas. '¡Argentina, Argentina!', gritaban. No podíamos avanzar ni retroceder, estuvimos 20 minutos en ese lugar, atrapados. Y muchos de los jugadores se asustaron porque la multitud golpeaba y empujaba mucho sobre los vidrios del ómnibus".

El último eslabón de la cadena de picardías denunciada por Krol fue la demora en el ingreso de Argentina, lo que obligó a los holandeses a esperar en el campo de juego ante el hostigamiento del público; y, finalmente, las protestas por el famoso yeso.

Como le dijo a Télam, Van der Kerkhof había usado el vendaje desde el primer partido ante Irán, cuando una falta lo hizo caer en el área rival y se rompió un hueso de la muñeca (de esa jugada vino el primer gol del 3 a 0, penal de Rob Rensenbrink).

La lesión fue a tal punto seria que su equipo, PSV Eindhoven, pidió formalmente que regresara a su país. "Queremos un jugador sano, no uno incapacitado", reclamó Ben Van Gelder, manager de PSV, quien estimó en "diez semanas" la recuperación de su estrella y aconsejó que no siguiera jugando. El médico de Holanda, Fritz Kessell, respondió que Van der Kerkhof podría seguir en el Mundial con un vendaje en la mano.

Eso hizo. Hasta la final.

"Así no puede jugar, es antirreglamentario", le dijo Passarella a Gonella. Desde ese momento todo fue tensión, discusiones, amenazas, un remolino de jugadores de uno y otro lado alrededor de Van der Kerkhof, mientras el DT visitante Ernest Happel tapaba con sus manos las cámaras de la televisión. La final ante Holanda sería el primer partido del Mundial que los argentinos verían, por fin, a todo color.

"Yo pensé que se había puesto algo en la venda, por eso pasé por al lado y lo golpeé. Estaba duro", recordó Leopoldo Luque en la revista El Gráfico.

"El árbitro entró en la trampa de Passarella -le diría Krol a Winner-. René había jugado todo el torneo con esa venda. Pero Gonella no lo sabía y nosotros no nos pudimos hacer entender porque no hablaba inglés. Yo estaba muy molesto y mis compañeros también. Estoy seguro de que todo estaba preparado de antemano".

"La gente terminó creyendo que Van der Kerkhof se terminó sacando la venda, pero en realidad había entrado el médico de ellos y le puso una color carne, por eso parecía que no tenía nada. En todo caso ellos ya estaban nerviosos", contó Passarella.

"En ese juego hubo picardía -recordó Américo Gallego en el diario El Tiempo, de Colombia, en 1997-, como cuando le hicimos sacar el yeso a Van der Kerkhof y ellos estuvieron parados 15 minutos mientras nosotros calentábamos".

El único que se mostró arrepentido del episodio fue Osvaldo Ardiles. En 2014 le dijo al diario El País: "¿Sabe quién se dio cuenta de la venda? Yo. Ahí les avisé a Passarella y a Menotti. Si hubiera sabido todo lo que vino después, porque se montó un tema muy largo y hubo acusaciones cruzadas, la verdad es que no habría dicho nada".

(Télam/DIB)

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