Juan Carlos Arrastua: el recuerdo de un grande ligado a ROAS

Por Mario Vitale

Aquella mañana del 15 de enero de 1972 amanecía brillante y el calor del Dios Febo parecía acrecentar el calor humano que un pueblo entero, "tuerca" de alma como Chillar profesaba a uno de sus hijos, el siempre recordado Juan Carlos Arrastua, "Carlitos" llamado cariñosamente por sus familiares, amigos y toda una legión de hinchas que seguían su victoriosa campaña en las competencias de los clásicos Ford T, en los años en que la palabra "semipreparados" se imponía en las competencias donde fue múltiple campeón llevando como estandarte victoriosos el nombre de esta localidad.

Lo que parecía una jornada normal en tiempos de cosecha se transformó en una de luto y congoja general que sumió en honda tristeza a todo un pueblo llegando la dolorosa circunstancia hasta varias ciudades y pueblos de la zona como el propio Azul, donde el inolvidable piloto tenía sus adeptos. Pasadas las 9 horas "Carlitos" salió a probar el Ford T en la corta recta del acceso al pueblo, "una tiradita" como ellos le decían, pero quiso la fatalidad que la noble máquina se desviara y embistiera un "chimango" que, ubicado a la vera de la capa asfáltica, frente mismo al entonces vigente "Hotel Internacional", aguardaba ser utilizado por algún chacarero para resguardar el cereal. El Ford T que tanta veces había llevado a la gloria a su dueño, esta vez le jugó una mala pasada y se lo llevó al cielo donde fue coronado por la "luz divina" del Creador que lo llamó a su lado, como lo hace con los buenos de corazón. Es que el siempre recordado volante era "un chico bueno" con todas sus letras y "un hombre ejemplar", buen hijo y laborioso al máximo siguiendo el camino de honestidad y trabajo que le marcara su señor padre, Don Juan Arrastua, al igual que el piloto uno de los socios directores de la firma ROAS - Concesionaria Ford.

"Carlitos" Arrastua logró su primera victoria en la categoría el 12 de octubre de 1962 en Chillar, para luego sumar victorias en Pehuajó, otra vez en sus pagos y en Tapalqué compitiendo con figuras de la época como su coterráneo Arnoldo Zabalza, los azuleños José María Castaño, Rubén Paradiso, el juvenil Oscar Mauricio Franco y el tapalquenero Oreste Argaña, entre otros "grandes" de la categoría que resultaba lo más atrayente que se podía apreciar en los circuitos de tierra de la zona.

En 1963 continua con los triunfos y en 1964 y 1965 se consagra campeón ganando cinco carreras en el Campeonato que organizaba la CREA (Campeonato Regional de Entidades Agrupadas). En el último torneo, más precisamente el 3 de octubre de 1965 en Lezama, ganó la competencia superando el registro más veloz que ostentaba Benedicto Campos para el circuito. Y su orgullo mayor fue pregonar que junto a su equipo mecánico, del cual era un componente más, fue secundado por empleados de la estancia "El Porvenir" que pertenecía a su familia siendo ellos: Enrique Lanza, Horacio Gómez y Juan J. Ramírez. Era tal la superioridad de rendimiento mecánico y conducción que demostraba en cada victoria, que el motor de su "chanchita" le era completamente desarmado en todas las carreras, sin encontrarle nunca una trasgresión a los reglamentos en vigencia.

El 8 de noviembre de 1964 se gana el cariño de los azuleños al vencer en el circuito que presentaba el club Chacarita Juniors, allí en la Zona Sur del partido junto al actual predio deportivo. Entre 1962 y 1965 "cosechó" 45 trofeos de victorias. Ya con la nueva máquina "semipreparada" con la cual luego perdió la vida, ganó en Comandante Nicanor Otamendi en 1970 y 1971, siendo de destacar que en varios tramos de este circuito su máquina orillara los 200 kph ante el asombro del público que apreciaba no solo su mecánica sino también sus innegables dotes conductivos.

Aquel 15 de enero de 1972, el recordado corresponsal de Diario El Tiempo y de LU 10 Radio Azul, Edelberto Amado, nos trasladaba todo el pesar y la tristeza que invadía a todo Chillar. Había partido un hijo dilecto del pueblo y sus habitantes no encontraban consuelo alguno ante la irreparable pérdida.

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