Dardo, tenés un SAF eterno

Pocos días pasaron del fallecimiento de Dardo Restivo. EL TIEMPO convidó a Gervasio Romeo para que se expresara al respecto (en horas poco estimulantes para aceptar la invitación periodística). El profesor respondió a la propuesta con una nota conmovedora de la que se vale para despedir a su amigo: "Vas estar siempre presente entre nosotros".

No corresponde (porque no conoce la profundidad del asunto) al periodista dictaminar el ADN de los torrentes emocionales que fluyen en Gervasio Romeo cuando recobra en su memoria el peso de Dardo Restivo. Peso no es igual a carga indeseada en este caso. Peso es legado. Hablamos del peso como formador en el plano dirigencial, el peso de ese hombre que encarnó la refundación de Velocidad y Resistencia, el peso -en definitiva- de un amigo.

Entonces, que sea el propio Gervasio el que hable. EL TIEMPO lo convocó para que aludiera a su mentor luego que este falleciera el martes pasado. Y Romeo optó por despedirlo en primera persona, no sin lamentaciones y dolores que junto con sus dedos tipean el escrito, pero fundamentalmente, aunque sin saturaciones, lo hace despide con alegría. Es que los dolores suelen ser alegrías que envejecen.

"Estoy convencido de haberle puesto garra a todo lo que hice en mi vida como docente. Lo mejor de mí, puesto al servicio del prójimo.

Simplemente espero que cuando me llegue el momento de la rendición de cuentas, me sorprenda con saldo acreedor...".

De esta manera, el Profesor narraba la conclusión final de su libro "Vivencia de un docente". Vale la pena destacar que el saldo fue más que acreedor en un balance tan exitoso y extenso, dentro del cual se hace un lugar -en los últimos renglones y casi como apretando la letra para que pueda entrar en la hoja- el Club Velocidad y Resistencia.

Y desde ese rincón del mundo, amigo, te voy a despedir. Desde ese rincón tan humilde que te tomó por sorpresa debido a que, como buen organizador y coordinador, ya tenías resuelto el fin de tu vida profesional, planificada con el punto final del libro, de tal manera que tu querido Rayito no aparece en esos escritos.

Pero desde el tronco maduro que se cansó de disfrutar primaveras y superar otoños apareció un brote, y decidiste cuidarlo pese a tu sorpresa. Decidiste cuidarlo por dos razones: en primer lugar, porque esto de dar....siempre dar (como primera consigna que te acompañaba en la profesión) era tu verdadero talento; y en segundo lugar, porque de ese brote te retroalimentaste, te llenó de vida, de ganas de hacer, despertando emociones transcurridas. Y como todo buen fanático que ama lo que hace, lejos de jubilaciones pasivas, decidiste involucrarte con el Club para satisfacer esa voracidad creativa de hacer.

En ese punto, en ese momento, cuando el pequeño brote crecía en un lugar tan hostil, entre tormentas y confusiones, nos conocimos y la causa nos unió formando una de las amistades más lindas que me ha tocado vivir en lo que va de mi carrera profesional.

Era de esperar que todo ese saber acumulado, en una etapa mucho más relajada y tranquila, sin prejuicios ni ataduras sociopolíticas, iba querer ser transmitido para fertilizar con saberes y conocimiento dicho brote. Sólo necesitaba una mano ejecutora que sea permeable y compatible a sus enseñanzas, y fue de esa manera que conjugamos perfectamente para tal tarea. El retoño creció y se transformó en Velocidad.

Es por eso que desde ese lugar te quiero despedir, querido amigo, porque tu gran tarea en esa institución deja al descubierto tu admirable personalidad. Sembrando valores totalmente puros, sin maquillajes socioeconómicos que la vida -por la necesidad misma de transcurrirla- te obliga a rozarlos. Demostraste que en un lugar sin recursos económicos, con las condiciones edilicias mínimas y con todas las dificultades administrativas, se puede jugar, se puede aprender y se puede enseñar sin estar contaminados de las demandas exigentes. Eso es Velocidad, ese es tu legado, eso nos transmitiste.

Para despedirte hubiese sido más fácil hablar de tus cargos como docente, inspector, coordinador, director y hasta de fundador, o de tu paso por instituciones prestigiosas, en cada una de las cuales dejaste una marca imborrable con el transcurrir del tiempo. Pero acá, en este humilde rincón donde nos regalaste tantas enseñanzas, pudimos ver no sólo al profesional en acción, sino que también al hombre en su más intimo gesto, que es el dar por dar. A este gimnasio, con una apariencia de modesto y sumiso por fuera, lo llenaste de alegría por dentro y ese es el mejor legado que una institución puede recibir. Por eso celebro y festejo que lleve tu nombre.

Bueno, querido amigo, llegó la hora de despedirme y hoy, en esta clase, no te voy a poner un ausente: para siembre tendrás un SAF (como decimos en Educación Física)... Sí, ya sé, debo explicar que SAF significa aquel alumno que no puede hacer actividad física pero se encuentra presente, y como estás en todos los detalles, cuando leas la nota me vas a corregir que no hice la explicación para la gente que no entiende del tema. Pero bueno, a partir de ahora tenés un SAF eterno, porque si bien no vas a poder participar de la clase, vas estar siempre presente entre nosotros. Gervasio Romeo".

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