JULIO VARELA, EN EL HOMENAJE A SU PAPÁ

Pase "Maestro", lo estábamos esperando

Por Silvio Randazzo.

"Acá comenzó a consumarse el romance entre la hinchada y el ídolo, el ida y vuelta". Julio habla mirando hacia adelante, ante un gran semicírculo de asistentes que permanecen en silencio ante su pausado relato. Si hasta el plomizo cielo se contiene para no lanzar la llovizna que parece inevitable. A Julio lo respalda un enorme telón albinegro: la remozada tribuna central del Estadio Emilio S. Puente, la tribuna Julio Matías Varela. El Maestro, su papá.

Julio Varela hablará durante 40 minutos, buscando con mesura en ese relicario alborotado que es la memoria, todos los recuerdos que vienen al caso, todos: los que provocan una sonrisa y los que aún estremecen por la tristeza que generan. Porque todas las implicancias de este acto de celebración merecen el brindis (los 100 años de la primera tribuna de cemento del país, la declaración de la misma como Patrimonio Arquitectónico y Urbanístico de Azul), pero en esa mañana el homenajeado es su papá, su viejo, el de la muerte prematura, del cual la espesura que significan 62 años no logró separar.

"Que se ponga el nombre del Maestro a la tribuna, para nosotros es un honor, es una satisfacción y un deseo que muchos alumnistas tenían". Ya ha dicho Julio que no es fácil pararse ahí y evocar "al Maestro" (por momentos lo llama tal como lo hacen todos los alumnistas). Ni el militante, ni el referente peronista, ni el ex preso político, ni ex el concejal, ni el ex funcionario provincial, ni siquiera el talentoso jugador cebra que fue, ninguna de todas sus versiones están paradas ahí. Vemos a Julio, a secas, el hijo mayor de Julio Matías, de pie frente a Omar y Carlos, sus hermanos; el primero tenía 5 años y el segundo 8 cuando su papá murió. Por eso es que Julio habla de "tragedia familiar". Ahora, en este viernes grisáceo, acá y allá con sus miradas, me los imagino adivinando las huellas de su viejo: caminando, bolsito de cuero en mano, rumbo al vestuario, como si los problemas hepáticos fueran nimiedades; o en la cancha, gestando con Farías el que quizá todavía sea el mejor fútbol que dio Alumni; o en las caras exaltadas de cientos de alumnistas que imaginariamente están poblando esa misma tribuna sin terminar de dar crédito al talento que atestiguan sus ojos. "Todos los conocidos -dirigentes, jugadores, incluso de otros clubes- han dicho que el Maestro ha sido el mejor jugador que ha tenido Azul", enfatiza Julio, respaldando a esa hinchada hoy fantasmal.

"Si algo identificaba a mi padre era la pasión, el amor por, como dicen ahora los pibes, los trapos. Venir a la cancha y poner todo lo que había que poner. No era común: respetado por los propios y, también, por los adversarios". Julio destaca valores en su padre que exceden el mero vínculo con un club y una camiseta. La pertenencia, la fidelidad por convencimiento, el respeto por los símbolos que forjan una identidad, la lealtad en el hacer. Estoy seguro que habla de su padre y, a la vez, se piensa a sí mismo en la política, donde -como solía pasar en el fútbol- no todo da lo mismo y el sentido de la oportunidad no puede defenderse desdeñando la representatividad.

Dice Julio que, como familia, luego de la muerte de su papá "quedamos en Pampa y la vía". En la embestida de la tragedia, Isabel, su mamá, la dueña de un coraje y una entereza que aun hoy lo conmueven. "Isabelita... tenía 34 años cuando murió mi viejo, fue mujer de un solo hombre...hasta el último día. Por eso la vigencia tiene que ver con la identidad, con la pertenencia".

Sobre el final, Julio Varela leyó una nómina de personas que -en la intemperie de Pampa y la vía- fueron fundamentales: "Toda esta gente contribuyó a la memoria, hizo que no se cayera y que el Maestro fuera un crack que atravesó el siglo que lo vio nacer". Comparto esa nómina para subrayar ese tributo de gratitud: Isabel, hijos, familiares, Miguel Alberto; Miguel Oyhanarte; Mario Vitale; Enrique Girbent; Julio Juárez; Tito Galichio; Juan Bogliolo; Arturo Mateo Ibarra; Roquino Toscano, Francisco, Alfredo y Carlitos; Juan C. Melián, César y flia.; Juan Rampoldi; Vasco Goicochea y Carmen; Manuel Furio, Mary y Hugo; Hnos. Casares (Julio y Guillermo); Pte. Pedro A. López y flia.; Pte. Emilio Puente; Pte. Orlando Di Bernardi; Carlos Pessina; Juan C. Negro Pérez; Flaco Lourbe, Pichín Farías, Mínimo Aguilera; Ernesto Guedes (Pampa, Daniel); Juan Espíndola y flia.; Mario Frangi; Pablo Lotito; Goytía (padre y su hijo Carlos); Colo y Negro Dascenzo; Andrés Tocco; Abel Amaya; Tati Preciozo; Pantalla Delbonis; Bebe Buglione; Chino Duca; Ruso Kolman; Coco Perisse, Lita y Carlitos; Fino Duhalde; Pato Cañibano; Víctor Sánchez; Palermo (La París); Turco Daher, padre, Jorge y flia.; Oscar Blando; Ismael Santarcángelo; Hnos. Selva; El Bayo Labaroni; Hnos. Derbes; Daniel Del Puerto-Rómulo Petersen; dirigentes y adversarios de otros clubes; Fotografía Vila - R. Silva. 

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