"Si lo quería soñar no me hubiera salido tan bien"

El Concejo Deliberante de Azul homenajeó ayer a Oscar Mauricio Franco en el marco de las celebraciones por los 50 años de la epopeya de la Misión Argentina -a bordo de tres Torino- en las 84 Horas de Nürburgring, en Alemania. "Tuvimos la oportunidad de demostrar ante el mundo que nuestro país no estaba capacitado solamente para armar un auto netamente argentino como el Torino", destacó Cacho en la charla con EL TIEMPO.

Por Silvio Randazzo

Franco arribó el pasado martes al primer piso del edificio municipal acompañado por su compañera "Chachana". Lo recibieron decenas de abrazos: de los ediles, de integrantes de las agrupaciones Furia Torinera y Pasión X Renault, de algunos dirigentes del automovilismo vernáculo, de lxs trabajadorxs del concejo. Recibió la distinción, también el aplauso masivo, se brindó a cuanta foto le convocaron y, en el final de su escueta alocución, enfatizó: "Misión Argentina, misión cumplida".

Antes de partir del recinto, Cacho habló con EL TIEMPO.

-Luego de 50 años, uno piensa que Nürburgring es ya un hijo alemán suyo. ¿Perdió la capacidad de sorpresa respecto a la resonancia?

-(risas). Es una gran verdad esa. Para mí es algo de mi cuerpo. Y no, no pierdo la capacidad de sorpresa. O sí, mientras uno está tranquilo, cuando pasan los días. Pero aparecen circunstancias, algún festejo (que, gracias a Dios, son varios), cuando me homenajearon por los 30 años, por los 35, por los 40, con Azul siempre presente...por lo menos con esa memoria de decir "¡pucha, acordate lo que hicimos!". Y ahora, estos 50 años.

Darle gracias a Dios, en principio, y estar muy agradecido a la vida, porque no siempre se da la posibilidad luego de 50 años que alguien te recuerde; en este caso Raúl Barceló y mi hija, que estuvieron en la producción de lo que fue Alta Gracia, que fue una maravilla. ¡Había más de 500 Torino! Decírtelo con palabras es muy difícil. Estoy muy sumamente agradecido, me siento ancho (se ríe), me siento importante.

-Cacho, ¿considera que aquella carrera y sus circunstancias ya sobrepasaron la consideración deportiva y ahora se considera en un plano más amplio, digamos un plano social?

-Aquello fue una ocurrencia, hace más de 50 años, de una persona que se llamó Juan Manuel Fangio y de otra Oreste Berta. Venían maquinando, estudiando la forma de cómo poder hacer para ir a un circuito del mundo...sapiencia de Juan, recorrieron todo. Hasta que, después de un mes largo de recorrer, llegaron a Alemania, a Nürburgring, se miraron (digo lo que cuentan, eh) y dijeron "este es un circuito para los Torino". Y no se equivocaron. ¿Por qué? Porque tuvimos la oportunidad de demostrar ante el mundo que nuestro país no estaba capacitado solamente para armar un auto netamente argentino como el Torino, sino con gente capaz para dirigir, mantener, estructurar, ordenar y educar para que ese grupo de personas que fuimos allí estuviésemos todos dependiendo -con el respeto que me merece Juan Manuel- de las circunstancias u órdenes que nos daban.

-¿Si a ese Cacho de 24 años que está por cruzar la meta en Nürburgring le cuenta que va a generar todo esto, este reconocimiento permanente de la Misión y de usted como protagonista, qué diría él?

-Ese Cacho diría lo que le pasó a Cacho Franco: lloró, primero lloró, después agradeció. Es como cuando me preguntan qué sentí en la última vuelta. El sentimiento de ese momento es el mismo, aunque te parece mentira, de cuando hoy me pongo a lagrimear cuando recuerdo cosas así. ¡Me pongo en chiquilín y no me gusta! Pero eso da la pauta que está dentro de las entrañas de cada uno. Y a sabiendas que yo no iba (porque no me correspondía), después iba como suplente, después como titular y después vi la bandera a cuadros, en un país tan lejano y en un circuito tan difícil... Creo que si lo quería soñar no me hubiera salido tan bien.

-¿Ese Cacho de 24 años se reiría de tanto homenaje y tanto reconocimiento que hoy tiene?

-No, no, al contrario, agradecería a la gente y a Dios. Una vez tuve una ocurrencia y dije muchas veces que para mí era más importante (en su momento después que vine de Alemania) haber ganado en Chivilcoy, con el récord de 2,27 y pico y haber permitido que mi jefe de equipo, Gastón Perkins, se clasificara campeón...pensé que eso iba a tener más trascendencia -porque era el récord, porque tenía 24 años, porque Perkins no me echó (risas) porque se clasificó campeón, me hice un poquitito el distraído, si había alguna seña no la vi-. Todo eso me hacía creer que lo de Chivilcoy iba a ser mi gran página. Veo que no. En el transcurso de los 50 años me fui dando cuanta de qué equivocado he estado, pero qué feliz he estado a su vez. Y me alegro de haberme equivocado, no hay duda. 

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